Cantarriján, una playa al desnudo

Cantarriján, una playa al desnudo

Mira que te diga: Un día como hoy, hace ya 3 años, La Opinión de Granada me publicaba un ‘articulito‘ sobre la Playa de Catarriján, en Almuñécar (Granada) que titulé ‘Una playa al desnudo’ y que ahora, vuelve a estar de actualidad porque resulta que septiembre es el mejor mes del año para ir allí a desconectar de todo, relajarse y disfrutar ¡Doy fe de ello!

Y decía así:

“La mejor alternativa para quien prefiere tomar el sol sin que le queden marcas. Nudistas, textiles y mirones comparten un mar turquesa y limpio.

Ir a la playa de Cantarriján, en Almuñécar, es una aventura que merece la pena, sobre todo para aquellos que prefieren tomar el sol sin que le queden marcas.

Llegar a la más occidental de las bahías sexitanas no es tarea fácil aunque, una vez superado el reto del acceso, las aguas cristalinas y los cuerpos desnudos tostándose, sin complejos, sobre la arena negra hacen de Cantarriján –sin exagerar– uno de los rincones más acogedores del litoral granadino.

Desde mediados de junio hasta el quince de septiembre quien acuda en coche deberá estacionarlo en un pequeño parking gratuito, junto a la carretera N-340 dirección Nerja, con espacio para una media de treinta vehículos. El que quiera aparcar bien tendrá que madrugar porque, a pesar del difícil acceso, Cantarriján es una playa de alta ocupación en los meses estivales.

Ya con el coche aparcado, el siguiente paso es coger lo que allí llaman un microbús, aunque realmente es una furgoneta de nueve plazas que, por dos euros, lleva a los bañistas al rebalaje y luego los recoge.

Una fuerte y estrecha pendiente con curvas irregulares separa el parking de la arena y el mar. Un camino que los conductores del transporte público, únicos autorizados a circular por allí, conocen al ´dedillo´ y recorren a velocidades vertiginosas. Fin de trayecto, ya huele a sal.

Nudistas y textiles comparten un mar turquesa, limpio y de temperatura muy agradable, con una serie de desniveles escalonados a la entrada.

Apartamentos turísticos y hoteles no tienen cabida en un terreno no urbanizado como es el caso de Cantarriján, lo que hacen de esta bahía un enclave aún más especial.

Respecto a los servicios que se prestan hay que destacar la presencia de dos chiringuitos que sólo abren en verano y ofrecen a sus clientes unos pescados y mariscos tan frescos que seducen a quien los mira hasta lograr que los consuma.

La playa de Cantarriján toma su nombre del barranco que en ella desemboca y está rodeada de un terreno agreste y rocoso.

Hasta hace relativamente poco, sólo unos cuantos conocían la existencia de esta ribera sexitana aunque, hoy en día, sus tradicionales usuarios se ven invadidos por una gran multitud de turistas, unos naturistas, otros textiles y algunos mirones que acuden movidos por el morbo de observar a quienes muestran sus cuerpos desnudos sin ningún tipo de tapujos y sin faltar el respeto a nadie.”

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