Desde que me resbalas, duermo mejor. Tips para vencer el insomnio.

Desde que me resbalas, duermo mejor. Tips para vencer el insomnio.

tips para vencer el insomnioNunca fui partidaria de la violencia pero, lo cierto es que, desde que aprendí a dar patadas a los ‘vampiros energéticos’, la vida me va mucho mejor. Si el término es tendencia se debe, muy a mi pesar, a su abundancia. En todos los círculos hay alguien que jamás se alegra del bien ajeno, que cuando una persona llega ilusionada con un proyecto, un sueño o una buena idea, le inyecta una dosis de inseguridad tan alta que logra, incluso, robarle las ganas. Lo peor es que son muchas las veces que el vampiro se sale con la suya, y no es justo.

He untado vaselina a toda esa parte de mi ser que, hasta hace poco, tomaba en serio las reflexiones de gente tan amargada que desea ver a su altura al resto de la humanidad. Ahora, todo lo que dicen, me resbala. Si quiero ir a por algo, no hay nada que me pare, así que no intentes convencerme de lo contrario, porque mi vaselina hará que te deslices hasta dejarte sin dientes. ¡Cuidado!

Una escala de prioridades ha de ser cambiante. De hecho, varias personas de mi entorno han subido, en los últimos días, varios peldaños a la vez. Antagonistas puros de la figura del vampiro energético. Gente que me recuerda, sin pedir nada a cambio, todo lo que soy capaz de conseguir, me da consejos para acabar con mi insomnio y en definitiva, hace mi vida más bonita.

La mayoría de las veces, todo es más fácil de lo que parece y gastamos más energía en buscar excusas para no hacer algo que la necesaria para hacerlo bien. No son pautas secretas. Hablo con conocimiento de causa. A día de hoy puedo decir que le he ganado el pulso al insomnio. Ahora duermo como un bebé y lo único que he hecho para conseguirlo es madrugar, desayunar bien, fijarme un horario de trabajo (y respetarlo), hacer algo de deporte y echar de mi vida, sin piedad, a los vampiros energéticos. Son tips básicos, realistas y coherentes, muy fáciles de aplicar y también de entender.

Cuando llega la noche, entro en la cama cansada y relajada, gracias al madrugón y a la caminata (8 km cada dos días). Primero, acaricio a mi gata y después, me tumbo boca arriba y respiro hondo. Cierro los ojos e imagino un ejército de seres diminutos que se citan en el dedo pulgar de mi pie izquierdo. Me concentro y noto como van subiendo lentamente, haciéndome cosquillitas por las piernas, el estómago, el pecho, la boca, la frente … hasta que salen de mí. Es un ejercicio que me aporta tanta paz que son pocas las ocasiones que consigo que los microseres lleguen a mi cabeza antes de haberme dormido. Ahora tengo sueños bonitos y lo mejor es que los recuerdo. Me levanto de buen humor, con ganas de comerme el mundo y la seguridad que necesito para lograrlo y hacer bien la digestión.

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