Flecos

Flecos

Los bordes deshilachados por el uso en una tela vieja ponen su punto en algunas prendas.  Una seta de tela cosida sobre el tejido vaquero de aquella minifalda captó mi atención en cuanto la vi. Estaba en una estantería de Blanco y enseguida supe que sería mía. Entré en el probador, verifiqué mi intuición inicial y desde entonces somos inseparables. Si la falda hablara…

Hemos compartido experiencias inolvidables, para bien y para mal.  Nos queremos. Nos respetamos. Hay buen rollo. Todas las semanas me la pongo, aunque sea un día. Se adapta a casi todos los ambientes. No le puedo pedir más. Discrepa un poco con los espacios excesivamente serios y ultra-formales pero, a parte de eso, digamos que sabe estar.

He quedado con Ana y me acompaña la seta de tela. La ocasión lo permite. Unas cervezas en Plaza de Gracia (Granada) con conversación productiva y otras tapas incluidas. Ana es una de mis amigas más inquietas y novia de Mr Left, mi hermano de todo menos de sangre aunque, éste no es su post. Vuelvo a Ana. Puedo pasar horas hablando con ella pero siempre de cosas útiles, ágiles y enriquecedoras.

Tiene un proyecto entre manos. Es positiva, vital y muy ‘currante’ pero nadie es perfecto; de hecho, compartimos un gran defecto. Nos ilusionamos pronto, nos entregamos rápido, movemos cielo y tierra por un objetivo que haya sido capaz de seducirnos aunque, no haya un céntimo detrás (ni delante), aunque la idea no haya sido nuestra, aunque implique un enorme esfuerzo y un trabajo agotador… Luchamos por lo que creemos y muchas veces la hostia que nos llevamos es directamente proporcional a la capacidad de ilusión y activación que pusimos desde un principio, que respetamos y mantuvimos constante sin bajar la guardia, ni el ritmo, ni el grado de implicación… A pesar de todo, ¿Quién dijo miedo?

Ana habla mucho pero nunca habla por hablar. Doy fe de ello. Si me llama para contarme algo, tiene claro que me interesará y el tema de hoy es el Crowdfunding. Está claro; me interesa.

Me plantea el asunto. Claridad y concisión. Sabe ir al grano de la cuestión. En qué consiste el proyecto y qué necesita de mí. La idea es buena. Me gusta. Su ilusión es más que evidente y eso influye en la dosis de cariño que, inconscientemente, aplico a la escucha. Me convence para ayudarla. Creo que eso es algo con lo que contaba desde un rato antes de marcar mi número de teléfono y citarme en Plaza de Gracia.  La excusa inicial son unas cañas bien frías y un encuentro que llevábamos meses posponiendo. Ojo, no por falta de ganas sino por exceso de ocupaciones. Las consecuencias son un proyecto atractivo, excitante y lleno de flecos, algunos mucho más largos que el más extenso de los flecos de mi falda vaquera de Blanco. No hay miedo.  El único riesgo es soñar demasiado, despegar los pies más de una cuarta del suelo. Es difícil pero no imposible. Con ganas e ilusión todo fluye antes y mejor. De verdad lo creo.

No me gusta mentir, tampoco hacer promesas que no seré capaz de cumplir. No me gustan las promesas porque las respeto demasiado y por eso, no abuso de ellas. No me he comprometido porque si lo hago, me veré obligada a  ilusionarme pronto, entregarme rápido, mover cielo y tierra por un objetivo que haya sido capaz de seducirme aunque, no haya un céntimo detrás (ni delante), aunque la idea no haya sido mía, aunque implique un enorme esfuerzo y un trabajo agotador…

Mi conciencia es cruel, exigente y despiadada. Si no prometo afloja, no me apuñala, me da cuerda y me deja dormir. Mi veredicto ha sido que no despertaré a mi conciencia hasta que alguien corte los flecos del proyecto. Quien acerque unas tijeras a los flecos de mi minifalda morirá.

Confío en Ana, en sus amigos, los creadores de la idea (aspirante a negocio relacionado con el Crowdfunding) , confío en sus ganas, en su filosofía y en su compromiso. Confío, sobre todo, en que serán capaces de cortar esos flecos cabrones que impiden que mi parte del proyecto pueda ponerse en marcha.

Las cervezas en Plaza de Gracia sientan bien y suben rápido. Ponen un sandwich vegetal que, si seduces al camarero, lleva una pequeña loncha de salmón ahumado que le da un punto exquisito. Si vas de noche no será necesario esquivar las cagadas de las palomas que rondan los árboles que dan sombra a la plaza. Si vas con Ana, probablemente, volverás a casa con una sonrisa, 3  ideas y 2 cojones para llevarlas a cabo.

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