Fotos a la comida ¿Sí o no?

Fotos a la comida ¿Sí o no?

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Dime lo que comes y te diré quién eres. La gente comparte lo que hace, lo que come y dónde va a través de las redes sociales. La mayoría, de hecho, comparte exclusivamente aquello que quiere compartir eligiendo así, la imagen de su vida que le apetece dar ante sus contactos. Con la misma libertad que los usuarios se toman para decidir lo que cuentan y lo que no, los restaurantes premian, según sus filosofías y políticas de empresa, a los clientes que renuncian al uso de sus teléfonos inteligentes durante el almuerzo o la cena o, los que animan a los comensales a fotografiar sus platos y difundir las imágentes a través de Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest …

A mí me gustan los restaurantes que facilitan a los clientes el acceso a sus cocinas para que estos puedan hacer las fotos allí. Restaurantes que tienen pequeños manuales con nociones básicas para hacer buenas fotos gastronómicas, que se ajusten a la realidad, evitando así que se difundan imágenes que den una percepción errónea de la comida o puedan llegar a perjudicar la imagen del restaurante en cuestión.

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Los periodistas y líderes de opinión en materia gastronómica ahora son bloggers. Algunos con más profesionalidad que otros, acaban influyendo en las opiniones de muchos usuarios.

El chef Gilles Goujon del Restaurante L’Auberge du Vieux Puits, con tres estrellas Michelin desde el año 2010, considera  que compartir fotos de sus platos en las redes sociales afecta a su propiedad intelectual y da pie a que otros cocineros puedan copiar sus platos además de arruinar la experiencia que quieren vivir otros comensales en el restaurante porque por la culpa de este tipo de imágenes y promociones previas, se mata al factor sorpresa.

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Hay cocineros que  aunque, piensan que la calidad de algunas fotografías que no hace honor a sus platos, valoran la repercusión que están logrando gracias a su presencia en las redes, admiten que tienen más clientes desde que utilizan las redes sociales y que por tanto, se están beneficiando de ellas sin casi invertir un céntimo ni mover un dedo para hacerlas más rentables y productivas ¿Os imagináis si a pesar de todo esto, un restaurante decide contratar los servicios de un community manager o jefe de comunicación experto en gastromarketing? 😉

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