He perdido a mi padre

He perdido a mi padre

Mi sangre se diluye en una pantalla brillante e infinita. He perdido a mi padre.

Físicamente no ha muerto y mentalmente, mucho menos. El caso es que su cuerpo está, casi siempre, pero su alma… su alma me la ha robado el dichoso smartphone que tiene desde hace un par de meses.

La gente lo llama Colín, Colé, Colán e incluso Cólinx. Yo lo llamo papá aunque últimamente, sobre todo desde que el Samsung Galaxy Note llegó a casa, no siempre contesta cuando lo llamo. Está como ausente, abstraído.

El ‘bicho’ tiene una pantalla bastante más grande que la de cualquier teléfono normal pero, no llega a alcanzar las dimensiones de un iPad o una tableta.

Hay mentes inquietas, mentes apáticas y mentes obsesivo-compulsivas; mi padre tiene una de las últimas. Cuando le da por algo…

No lo vi nacer aunque,  consultaré con mi abuela si lo parió con un lápiz bajo el brazo porque, desde que tengo uso de razón, dibuja sobre todas las superficies que se lo permiten. No es graffitero, ni pintor de brocha gorda pero, todo lo que sean lápices, carboncillos, ceras, rotuladores, bolígrafos y demás artefactos de punta semi-fina, no se le resisten jamás.

Hablaba de su nuevo ‘phone’ que, además de una pantalla amplia y brillante, trae un juguetito que le encanta: ¡Un lápiz con la punta de goma!

Seguro que ahora se talan menos árboles, pues se necesita menos papel y seguro que los camareros de muchos establecimientos están brindando ahora el invento que me ha robado a mi padre porque antes, los garabatos que ahora hace en formato digital, solía plasmarlos en manteles de papel y servilletas de bares. Le llega la inspiración y ¡PUM! donde le pille, allí la plasma. No lo puede evitar.

Hoy estoy aquí para demostrar que no hay mal que por bien no venga y es que esta semana, en concreto, he perdido a mi padre por una buena causa.

Podría contarlo de mil formas pero, hace unos días que redacté una nota de prensa que lo explica bastante claro así que, como la mayoría de los medios de comunicación que se han hecho eco de la misma han decidido atribuirse su firma, prefiero compartirla aquí y así mato dos pájaros de un tiro:

Garabatos digitales y solidarios en el casco antiguo de Salobreña

Los primeros garabatos son húmedos. Una infancia marcada por el olor a témperas y la fresca sensación de meter los dedos en pequeños ‘tuppers’ para acabar acariciando el papel con colores. Al principio, trazos caprichosos e irregulares que no intentan representar nada, sólo juegan. Luego, ideas o bosquejos con un lápiz, un carboncillo, ceras, pinceles, rotuladores o un bolígrafo bic sobre finas servilletas manchadas por un ‘gracias por su visita’ cuyo destino es acabar manchando, a su vez, el suelo del bar o  morir arrugadas en el bolsillo de un pantalón cualquiera.

Un objeto mágico

Los tiempos avanzan y las herramientas se adaptan a la situación. Un iPad o  ‘Tablet’ es un objeto mágico para hacer garabatos y compartirlos con todo el mundo en un segundo.  Una hoja de papel sin límites, que nunca acaba, con una gama cromática infinita, que no contamina, ni gasta tinta o papel, ni ensucia, ni pesa, ni ocupa espacio, que ofrece movilidad, portabilidad y hasta permite imprimir a gran tamaño con una resolución aceptable.

Su usabilidad ya no es un secreto. Son varios los dibujantes e ilustradores que han caído rendidos a los encantos de las tabletas integrándolas en sus rutinas diarias y acabando por exponer sus ‘garabatos digitales’ en la Royal Academy of Arts de Londres, el  Museo Guggenheim de Bilbao o el Museo de la Ilustración ABC, en Madrid.  El icono vivo del Pop Art inglés de los sesenta, David Hockney, llegó a decir que “a Picasso o Van Gogh les hubiera gustado tener uno”. Javier Mariscal, diseñador multidisciplinar valenciano y autor de Cobi, mascota de los juegos olímpicos del 92,  o el artista gallego Xoan Baltar, se reconocen también, adeptos al lápiz de goma y la pantalla digital, a ese cuaderno inagotable de ideas que además, aporta inmediatez porque la inspiración aparece en cualquier momento y lugar, no necesariamente en el estudio.

Garabatear por una buena causa

La Bóveda de Salobreña (Granada) acoge durante diez días, del 2 al 12 de agosto, una muestra de garabatos digitales firmados por cinco personas que comparten interés por el dibujo, las nuevas tecnologías y la posibilidad de hacer algo que permita suavizar ‘la que está cayendo’.  Garabatos exclusivos llevados a un tamaño A2 ( 42 x 59, 4 cm) y estampados en un papel de 140 gramos; numerados y firmados a mano, con un máximo de 50 ejemplares por obra y posibilidad de marco.

Jessica Estévez Albarraz, Luis Villaescusa González, Francisco José González Olivares, Victoria Amor Castillo García y Colín Bertholet venden sus obras a un precio simbólico de 25€ y donarán el 100% de lo recaudado al banco de alimentos de la villa.”

La exposición se inauguró anoche y prometo que fue una auténtica gozada aunque, sin duda, lo que más me gustó (porque los garabatos de los cinco artistas ya los había visto y elogiado antes de que se hicieran públicos) fue el ratito de cerveceo y copeo que compartí con los cinco iluminados en el Bar Pesetas al finalizar el acto de inauguración.

Echaba de menos esa ilusión contagiosa, esas conversaciones llenas de sueños y planes por cumplir, esas ganas de comerse el mundo y de llevar el arte y lo que encarte allá donde nos dejen.

Gente joven (el más mayor era mi padre) que demuestra, una vez más, que nuestra generación no está perdida ¡Ni muchísimo menos!

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