Jazz en los Jardines, mi debut como presentadora y las consecuencias de los momentos tontos…

Jazz en los Jardines, mi debut como presentadora y las consecuencias de los momentos tontos…

jazz en los jardines

Me gustan los retos. Siempre lo digo y es que es verdad. De hecho, me gustan tanto que, a veces, me meto en unos líos increíbles. Conozco mis limitaciones y no me gustan un pelo. Quiero asesinarlas, una a una, minuciosamente… Hablar en público es una de ellas. Me puede. La radio es otro rollo. No me obliga a dar la cara. Se conforma con mi voz y yo se lo agradezco sintiéndome cómoda y metiéndome en la piel invisible de un personaje con voz pálida, pausada, suave y segura de sí misma… Todo lo contrario a lo que pasa al ponerse delante de varios cientos de personas serias, maduras y expertas en buena música que se desplazan, expresamente, a unos jardines tan alucinantes como señoriales, a escuchar lo mejorcito del Jazz que se hace en España, el de José Carra Trío.

Mis momentos tontos tienen más peligro que una caja de bombas. Me explico. Cuando hablo de momentos tontos me refiero a estar a gusto, en buena compañía (de esas que, como un RedBull, te dan alas para todo), disfrutando, con la sensibilidad a flor de piel, con la necesidad de afrontar nuevos retos que acaban haciendo que me quiera un poquito más porque, una vez superados, me siento fantásticamente bien, una ‘crack’ que, si quisiera, podría conseguir cualquier cosa, por difícil y descabellada que pareciera …

La culpa es de Paco Carmona que, sin saberlo, me pilló en un momento tonto, me propuso que presentara la segunda edición del ‘Jazz en los jardines’ y sin pensar en nada (que si lo hubiera hecho, otro gallo hubiera cantado) dije que sí.

Dani & Ana

La propuesta de Paco llegó, vía Facebook, hace un par de semanas, interrumpiendo una agradable cata-maridaje con un menú degustación bastante rico y unos vinos de las Bodegas Muñana, en el Club Náutico de Motril. Cuando leí el mensaje mi gesto se torció, y Dani que me conoce como si me hubiera parido, me preguntó el motivo. Comenté entonces que había nuevo reto a la vista y ambos corearon al unísono: “¡Dominique, tienes que hacerlo!”. Obedecí, decidiendo que, hasta un par de días antes de la fecha que, desde entonces, aparecería de color rojo en mi calendario, no me permitiría pensar en nervios, ni vergüenzas, ni inseguridades ni nada que pudiera hacerme ‘recular’. Había tomado una decisión y tenía que ser consecuente con ella. Después, una vez superada, iba a sentirme genial. O, no… porque imaginad lo divertido que tiene que ser hacer un ridículo espantoso delante de varios cientos de personas respetables… 🙁

Como haría cualquier persona aplicada, me estudié ‘de pe a pa’  la biografía de José Carra, el joven pianista malagueño, líder del trío en cuestión. Para nada porque, luego pensé que pasaba de dar la chapa a los asistentes al evento que, evidentemente, iban a escuchar a los tres máquinas jazzeros y no a una servidora. ¡Había que resumir! No quise hablar más de tres minutos. Cualquier cosa menos aburrir al personal. Además, ya se sabe que, menos es más y que lo bueno, si es breve… ¡Dos veces bueno!

¿Con guión o sin guión? ¡Necesito un guión! No puedo olvidar ningún punto clave. Tengo que nombrar a todos los patrocinadores, decír algo del festival, algo de ‘EWIG’, el nuevo disco que José Carra comparte con el contrabajísta, D.J. Foster y Ramón Prats, a la batería. ‘EWIG’ es además, una palabra alemana que significa eternidad. Lo vi curioso porque, el arte, si es bueno, si es atemporal, es también eterno; porque crear es como parir criaturas inmortales y maravillosas que saben a gloria, como el Jazz de esta gente y los Gin&Tonics que nos bebimos anoche pero, de eso ya hablaremos…

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Los folios, como se arruguen un poco, dan una imagen horrible y descuidada; por eso, escribí en el iPad los cuatro puntos del guión. No más. Sólo quería evitar perderme. Haría todo lo posible por parecer natural, cómoda, segura y relajada en mi debut como presentadora… JA  JA  JA

Llegó la noche.

Mi padre me llevó a cenar una carne de ternera, tierna, rica y muy sabrosa, cocinada sobre una piedra que ardía en la playa de Salobreña. ¿Una copa? ¡Venga! Aunque… mi padre empezó a arrepentirse de su propuesta cuando no había terminado de pronunciarla. Antes de trabajar no se debe consumir ninguna sustancia que pueda alterar, ni lo más mínimo, tu estado natural ¡Y un carajo! Si no llega a ser por un viaje de Lexatín y una tila doble, todavía estaría intentando aprobar el examen práctico del carnet de conducir y ayer, amigos, os prometo que necesitaba un Gin&Tonic y dos santos ovarios para ponerme delante de toda esa gente y presentar a los Jazzeros. De lo contrario, quizás, hubiera salido corriendo por aquellos maravillosos jardines de cuento, sin mirar atrás, en ningún momento…

Llegamos unos veinte minutos antes del inicio del concierto. Suficientes para que los nervios empezaran a hervir en mi estómago. Sentí angustia y calambres. No exagero. Lo juro. Cada vez que veía a alguien conocido, mis pulsaciones se aceleraban y amenzaban con bloquearme en el momento menos oportuno. No favor, ¡No lo hagáis!

Ahora sí. Llegó la hora. Paco Carmona vino en mi busca y dijo “Five minuts, my friends”. Torcí el gesto, agaché la cabeza, respiré hondo y solté: “¡Venga, vámonos ya!”. Taconeando, erguida y sin mirar a nadie, me dirigí hacia el ‘stage’, coloqué mis labios cerca del micrófono y arranqué. Miré el guión dos veces. Fui capaz de retener prácticamente todos los datos que, días antes, había empezado a estudiar. Sólo olvidé recordar que, el próximo 16 de agosto, volveríamos a vernos allí, en los jardines de la Casa de los Bates (Motril) ,para ver a Ana Cisneros poniendo la guinda a esta segunda edición de un festival de Jazz que nunca olvidaré …

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Fui breve y todo lo opuesto a esas presentadoras egocéntricas que apuñalan con carcajadas forzadas, vanidosas y excesivamente sonoras a los espectadores. Hablé despacio, haciendo pausas, vocalizando y mirando con cariño, sincero, al personal. Eran mis cómplices y todos aplaudieron a una rubia con tacones de 15 centímetros que, aunque aparenta comerse el mundo, se vuelve frágil y pudorosa cuando hay un micrófono delante… Ese público, José Cara Trío, la Casa de los Bates, el Festival Jazz en los Jardines y por supuesto, Paco y Concha, tendrán mi cariño siempre porque, aquellos que te apoyan y comparten contigo momentos fuertes y especiales, se quedan tatuados en el alma y la memoria de quien pasa los nervios y sufre la situación…

con jose carra 2

Fue una experiencia positiva que pienso repetir ¡Otro reto superado! ¿Quién dijo miedo? Lo pasé fatal, es cierto, el volúmen del micro no era el adecuado y los nervios son unos auténticos CABRONES (sí, con mayúsculas) pero, cuando todo acabó, me sentí genial. La mirada orgullosa de mi padre me sentó mejor que un sueldo de dos mil dólares.  Me dijo “ha estado muy bien y sabes perfectamente que, si pensara lo contrario, te lo diría”. Me lo creo. ¡Siempre se puede mejorar! Me falta soltura y seguridad pero, estuve digna. No hice el ridículo… Disfruté de un abrazo de mi amiga del alma (porque Nerea siempre está conmigo en esos momentos importantes, sean buenos o malísimos), pedí el siguiente Gin&Tonic sin remordimiento alguno y un dulce y delicioso bocadito de nata se deshizo en mi paladar mientras José Carra Trío tocaba el clásico ‘Begin the beguine’ que, por cierto, no es de Julio Iglesias …

1 Comment
  • Ana Morilla

    agosto 4, 2013 at 2:02 pm Responder

    Enhorabuena preciosa, lo orgullosa que estoy de ti me hace emocionarme.

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