La mujer que arañaba las paredes

La mujer que arañaba las paredes

La maestría de los nórdicos escribiendo novela negra es casi igual a la de Antonio Fuentes, de 1616 books, recomendando libros.

La mujer que arañaba las paredes, del danés Jussi Adler Olsen, narra el primer caso del subcomisario Carl Mørck y su departamento especial Q. Absorbente, entretenido y algo cruel.

Merete Lynggaard lleva secuestrada más de cinco años aunque, a estas alturas, todos la dan por muerta. Una mujer atractiva, espabilada, mediática y muy celosa de su vida privada que además, es una joven promesa de la política danesa cuyos padres murieron, hace años, en un terrible accidente de tráfico que, a su vez, dejó a su hermano menor en una situación de dependencia total.

Me extraña que una novela escrita en tercera persona haya sido capaz de llegarme tanto pero, sin duda, lo ha hecho. Una vez más, día tras día, después de dar las buenas noches a mi ordenador y plegar la pantalla en el intento de desconectar de los calentamientos de cabeza laborales, he vuelto a regalar mis veladas al insomnio provocado por un libro de esos que crean ansiedad (de la buena).

Jussi Adler Olsen no empezó a escribir en serio hasta el año 1995. Antes, había sido editor de comics y redactor de revistas. Ahora, sin embargo, puede presumir de haber vendido más de un millón de ejemplares de los cuatro títulos de la serie del Departamento Q en Dinamarca, y recibir el prestigioso (y merecido) premio Glass Key.

El personaje por excelencia es Carl Mørck, un subcomisario especialmente arisco y difícil de tratar que no se encuentra en su mejor momento. Intenta superar un duro episodio que lo envolvió, junto a dos compañeros, en un tirotéo del que sólo él salió más o menos bien parado. Uno murió y el otro sigue hospitalizado en un estado más cercano al vegetal que al humano.

Con poco tacto y sin pelos en la lengua, Mørck se enfrenta con facilidad a sus colegas de trabajo, incluidos sus superiores, pero pronto surge la oportunidad de crear un nuevo departamento que se ocupará de importantes casos, la mayoría muy mediáticos, aún sin resolver. El subcomisario será el encargado de dirigirlo, desde una oficina, apartada del resto, que han ubicado en el sótano de la comisaría. Aparece, entonces, otra clave del engranaje: Hafez-el-Assad, un tipo joven, avispado y enigmático que ayudará al protagonista en su nueva tarea. Ambos seleccionan el caso de Merete Lynggaard para romper el hielo de un montón de papeles que esconden mil asuntos no resueltos. ¡Empieza la movida!

Cuando digo que se trata de una novela cruel y despiadada es, sobre todo, por las caracteristicas que rodean al secuestro de Lynggaard. Al final del libro, en los agradecimientos, al autor hace una mención honorífica a un tal Michael Needergaard “por su conocimiento de los efectos de una cámara de descompresión”. Con eso lo digo todo…

Jamás pensé que el rencor pudiera hacer tanto daño, que existieran venganzas tan descabelladas ni que fuera posible vivir tanto tiempo en unas condiciones tan tétricas y desesperantes pero, La mujer que arañaba las paredes me ha enseñado el truco. Casi todo tiene su lógica y su parte didáctica. ¡Menos mal!

“Había estado pensando en libros. Lo hacía a menudo para no tener que pensar en la vida que podría haber vivido si hubiera tenido otras opciones. Cuando pensaba en libros podía entrar en un mundo totalmente diferente. La sensación de sequedad y aspereza inexplicable del papel bastaba para encender en ella el fuego de la añoranza. El olor a celulosa evaporada y tinta de imprenta. Y miles de veces se había dirigido mentalmente a su biblioteca imaginaria y señalado el único libro del mundo que podía recordar enteramente con seguridad. No el que deseaba recordar, no el que le había causado la mayor impresión, sino el único libro que mediante buenos recuerdos y carcajadas liberadoras había permanecido intacto en su atormentada memoria”

No me gusta desvelar detalles innecesarios porque, probablemente, si lo hago, Antonio venderá menos libros y para nada es mi intención. Lo que quiero es que vayáis a verlo, pidáis La mujer que arañaba las paredes, editado por Maeva (igual que Blancanieves debe morir y después, por supuesto, comentemos. ¡Merece la pena, amigos!

1 Comment
  • jesuslens

    Marzo 4, 2013 at 11:19 am Responder

    ¡Buena recomendación! No soy muy de literatura negra nórdica, pero me gusta que la literatura refleje el lado oscuro, la cara más amarga de la socialdemocracia que tan buen relato ha constuido de sí misma.

    Excelente reseña.

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