La playa del muerto es rosa y provoca enfados

La playa del muerto es rosa y provoca enfados

Juan Jesús García es el crítico musical de Granada por excelencia. Lleva una barbaridad de años escribiendo para el periódico IDEAL y quien se mueve por el ‘mundillo cultureta’ de Granada, sabe, fijo, quién es. Nos conocemos desde que yo era una enana que no levantaba dos palmos del suelo y acompañaba a  la madre que me parió, que es técnica de Cultura en el Ayuntamiento de Salobreña (Granada) desde que tengo uso de razón, a unos conciertos vanguardistas que se hacían en el castillo árabe de mi pueblo y que ahora, por cierto, se cae a trozos y sirve para organizar unos pasajes del terror con los que la gente flipa.

¡A lo que iba! Esos conciertos son ahora, el consolidadísimo Festival Tendencias, yo dejé de ser una enana hace un rato largo y hace años que trabajo. Hace tres, concretamente, estaba en La Opinión de Granada y un día como hoy, me publicaron una reseñita que escribí, con todo el cariño de mi corazón, sobre la Playa del Muerto en Almuñécar (Granada).

Hasta aquí todo perfecto aunque, la figura de Juanje desentona un poco. Sigo. Como decía, escribí mi artículo, como siempre, ilusionada, intentando ser interesante, distraer y mira, si además, era capaz de arrancar alguna sonrisa que otra, me daría por satisfecha. El caso es que a Juanje no le gustó nada mi texto y me lo hizo saber mediante un mail que me descompuso el cuerpo.

Es un hombre al que veo poco y respeto mucho pero, reconozco que hay veces que su humor y yo no nos llegamos a entender del todo. Aquel correo electrónico tenía poco de broma.

Transcribo la reseña y luego, comentamos los argumentos del crítico musical enfadado:

Su arena es semi-gruesa y clara, no de color rosado. El calificativo se debe a la predilección que el público homosexual y naturista tiene por este pequeño rincón de aguas tranquilas y cristalinas.

DOMINIQUE BERTHOLET Existen playas nudistas y playas nudistas rosas. El Muerto es de las segundas. Escondida tras el acantilado que la separa de Cotobro, la cala mide 280 metros y tiene capacidad para 1.100 usuarios de los cuales, una gran cantidad, son gays. Su arena es semi-gruesa y clara, no es de color rosado aunque el calificativo de playa rosa se debe a la predilección que el público tanto homosexual como naturista tiene por este pequeño y oculto rincón marítimo.

El acceso debe realizarse a pie, a través de un encantador sendero construido entre las rocas que nacen en la playa de Cotobro o, si se dispone de alguna embarcación, se puede llegar por el mar. La ocupación de la playa del muerto suele ser escasa, incluso en temporada estival alta, debido a su misteriosa ubicación y la ausencia de servicios turísticos de ningún tipo. Sus aguas son serenas y cristalinas pues la presencia de rocas de gran tamaño la abrazan y protegen por ambos lados.

El ambiente, basado en el respeto y la libertad, es ejemplar y acogedor. Esta pequeña cala es frecuentada por bañistas de toda clase y estilo. Familias tradicionales, naturistas o no, comparten rebalaje con parejas homosexuales, naturistas o no. Niños, perros, grupos de gente joven y anciana, ejecutivos y hippies, todos disfrutan en armonía de un paraje único en la Costa Tropical. Alguien dijo que “sacrificio es igual a beneficio”.

Quien encuentra el sendero y decide llegar hasta el final obtiene su recompensa al observar una estampa digna de los cuentos de piratas y donde nadie molesta a nadie. Como curiosidad cabe destacar su limpieza. Los usuarios naturistas han pintado en una de las piedras de la playa el mensaje ´Playa nudista limpia. No colillas´, petición con la que todos los bañistas se solidarizan y colaboran en la tarea de mantener el entorno con un aspecto impecable.”

Juan Jesús García me regañó, y quizás tuviera razón, por destacar que los bañistas homosexuales tenían predilección por esta playa aunque, en ningún momento lo dije en tono despectivo y creo que el propio texto apoya mi argumento al subrayar que “el ambiente, basado en el respeto y la libertad, es ejemplar y acogedor” en aquella playa que, por cierto, me encanta y es de las pocas que suelo frecuentar.

Mentiría diciendo que aquel correo electrónico no me afectó, de hecho, me planteé la posibilidad de que hubiera más gente que como Juanje (que no es homosexual y tiene una mujer encantadora) se hubiera podido sentir ofendida. ¡Espero que no!

No es noticia que el colectivo gay prefiera una playa u otra aunque, en aquel caso, me pareció curioso y simplemente, lo dije. Cuando hacía aquellos mini-reportajes sobre playas en La Opinión, solía hablar con los bañistas y gente autóctona de los sitios sobre los que escribía para documentarme y poder utilizar alguna anécdota o testimonio singular, gracioso o que, de un modo u otro, pudiera poner un poco de sal a los datos más serios sobre el rincón del litoral de turno.

Una vez lanzada mi defensa, por supuesto, pido mis más sinceras disculpas a la gente que, como Juanje, se pudo haber sentido ofendida con la publicación de aquello y ni falta hace que diga que, respeto profundamente a todo el colectivo de gays, lesbianas y transexuales del mundo.

¡Libertad y respeto, siempre!

Besos y sonrisas ¡Hasta pronto!

1 Comment
  • tito

    octubre 7, 2015 at 5:36 pm Responder

    Buenas, he caído en esta página por casualidades de internet, no había leído nada tuyo antes, pero leyendo este artículo te digo que no veo motivos para sentirse ofendid@. Así que por más que haya gente ofendida, puedes estar tranquila de que no todo el colectivo LGTB está ofendido, pues pertenezco a él y me parecio muy acertada la descripción… Un saludo!

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