Los milagros en las estrategias de marketing online

Los milagros en las estrategias de marketing online

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Para empezar este post, me viene al pelo una frase de Sergio Albarracín, más conocido como Elphomega. El tema en cuestión se llama ‘Stardust’ y la sentencia oportuna es ” Tú crees en Dios, yo creo en Batman “.  Señores, los milagros no existen y siento decepcionar a los lectores que se hayan sumergido en éste, mi mundo, esperando encontrar la pócima mágica o el truco infalible para la promoción de sus negocios en la red.

Lo primero y más importante, antes de empezar a diseñar una estrategia de marketing online es tener súper claro qué queremos conseguir con ella. Los objetivos son primordiales antes de decidir cómo vamos a llegar a ellos. Stop. ¿Estamos preparados para construir un plan óptimo? Eso lo sabremos si tenemos respuestas para las cuatro preguntas clave del inicio del proceso:

  1. ¿Quiénes somos?
  2. ¿Dónde estamos?
  3. ¿Dónde queremos llegar?
  4. ¿Cuál es el camino que nos llevará hasta allí?

Una estrategia debe tener en cuenta el público al que se dirige, ¿Quienes son tus clientes objetivos?,  los productos que ofreces y tu mensaje; ¿Qué imagen estás transmitiendo?. Con esto no me refiero sólo al tipo de imagen de marca que quieres transmitir, voy mucho más lejos, ¿Qué imagen es la que realmente llega a los consumidores? ¿Qué piensan de tu negocio? Para encontrar respuesta a esta última pregunta, sólo hay un truco que nunca falla: ESCUCHAR y la red, es el sitio más adecuado y ágil para ello. La gente usa sus redes sociales, los foros, los blogs, los portales de Internet para opinar sobre los productos y servicios que consumen. Les gusta pronunciarse y ser escuchados. Les gusta contar qué hacen, dónde van y por qué. Eso es inevitable y una vez entendido, tenemos dos opciones:

  1. Difundir, subrayar y elogiar los piropos que nuestra marca recibe e interpretar las críticas negativas como un ataque personal e intentar borrarlas y hacerlas desaparecer. ¡ERROR!
  2. Aceptar que el cliente siempre tiene razón y confiar en su criterio para hacer crecer nuestro negocio, mejorar nuestros servicios e incluso, diseñar productos a medida de sus necesidades ya que, al fin y al cabo, ellos son los que acabarán consumiendo y por tanto, haciendo que el negocio funcione o no… ¡ÉSTA ES LA FILOSOFÍA 2.0!

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Los clientes son los únicos que, de verdad, poseen las claves de nuestro éxito; ellos son el camino que nos llevará directamente, al logro de nuestros objetivos. ¿Vamos a ello?

Ante todo, hay que tener en cuenta que los esfuerzos deben traducirse en resultados, si no, significa que estamos haciendo algo mal y por tanto, hay que modificarlos.

En los Social Media no existen los atajos para llegar a la meta. Tener paciencia y ser constante es fundamental pero, sobre todo, generar conversaciones ¡Y no de cualquier manera!

Cuando un usuario entra en Internet, busca contenido de valor ¡El contenido es el rey! La interacción de las empresas con los clientes, en entornos 2.0, debe traducirse en un enriquecimiento mutuo y por tanto, las conversaciones en redes sociales son vías de doble sentido. Hay que ser auténtico. Mentir en la red es una tontería. Los usuarios tienen demasiada información a su alcance y esto les permite contrastar absolutamente todo. Tenemos que vender lo que realmente, somos capaces de ofrecer. Si un cliente se siente engañado, la imagen de la empresa en cuestión se verá gravemente afectada y deteriorada.

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No olvidemos que los consumidores tienen mucha más credibilidad que las marcas. Ellos no necesitan hacer publicidad de nada, nadie compra sus opiniones… y en cambio, hasta la llegada del mundo 2.0, la imagen que nos llegaba de los negocios era, simplemente, la que los negocios querían dar. Para ello, pagaban publicidad a algún medio de comunicación y listo. Ellos decidían el mensaje que querían transmitir y no había nadie que pudiera protestar, reclamar o anunciar que aquello que pretenden vender, no es más que una bomba de humo. Ahora, eso no existe. El cliente no sólo tiene razón, también tiene la última palabra, mucha más credibilidad y el poder de difundir su opinión y hacer tanto ruido con ella como se proponga. Cuando la opinión que se tiene sobre nosotros es positiva y el cliente queda totalmente satisfecho con nuestros productos y servicios, ocurre exactamente lo mismo pero, a la inversa y, os aseguro, que cuando alguien de nuestro círculo de amistades nos recomienda un producto, un servicio, un restaurante, una peluquería o un libro, por poner algunos ejemplos, daremos a su juicio mucho más valor y confianza que si viéramos un cartel o cualquier tipo de anuncio publicitario de dicho producto ¿Por qué? La persona de nuestro entorno es sincera con nosotros, no gana nada por dar su opinión al respecto ¡Confiamos en ella! y probablemente, cuando vayamos a un restaurante, necesitemos una peluquería o queramos leer un libro, tendremos en cuenta su consejo.

Uno de los trucos para lograr ser escuchados, respetados y útiles para el consumidor, es posicionarnos como expertos en nuestra materia, publicando contenido de valor y para ello, es imprescindible actualizarnos constantemente, averiguar cuáles son las preguntas que nuestros clientes potenciales suelen hacerse sobre el tipo de negocio que nosotros tenemos e intentar ser los primeros en ofrecer respuestas de calidad. Contancia y paciencia ¡No me canso de repetir estas dos palabras! Sólo así conseguiremos que los usuarios, consumidores, clientes… confíen en nosotros e incluso, nos acaben necesitando.

Espero que este post os haya servido de algo, no obstante, seguiremos profundizando al respecto en futuras publicaciones.

¡Feliz semana!

2 Comments
  • Jesús Lens

    enero 10, 2013 at 11:28 am Responder

    Gran lección, mi Estimada Comunicadora. El contenido es el Rey (aunque en estos tiempos, con la monarquía tan en bajo mínimos… 😉 Gran lección para los aspirantes a vendedores de humo.

  • dominiquebt

    enero 10, 2013 at 7:55 pm Responder

    Estimado Amigo (y ejemplo a seguir para mí) Lens ¡Es un gran honor para mí que, precisamente tú, me digas esto!

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