Mi vida sin móvil

Mi vida sin móvil

Mi vida sin móvil Dominique B. Comunica o Muere

Mi Note murió y llevo un mes sin móvil. Sí, has leído bien. Yo; una mujer pegada a una pantalla, que vive por y para las redes sociales, que sube fotos a instagram a diario y actualiza decenas de perfiles en plataformas varias. Sin móvil. Un aparato que antes no perdía de vista ni un segundo. Que dormía conmigo y me despertaba cada mañana, con mi canción favorita (una distinta cada quince días). Llevo un mes sin hacerme un selfie y sin usar a la flamenca de Whatsapp. Un mes con una rara sensación que me impide salir de casa porque, si lo hago, me quedo incomunicada y, todos sabéis que, si no comunico, muero. Salgo lo justo. Por los vicios. Últimamente, la estanquera es la única que me ve. No soporto estar aislada de mi mundo digital; sin saber qué pasa en cada momento. Es una intranquilidad angustiosa que casi me corta las alas.

En casa me siento tranquila. He vuelto a dar uso al teléfono fijo, pero he roto mi regla de no dárselo a nadie. Hasta Navidad, nadie que pudiera estar relacionado con mi entorno laboral tenía el número de casa. Era algo que custodiaba como si fuera mi ropa interior. Algo con un acceso limitado solo a quien yo quisiera, pero ahora ya no es así. En casa, tengo mi ordenador. Una ventana abierta a todo lo que necesito y que no puedo cerrar así como así. Solo desconecto cuando toca. Entonces, me concentro en lo que puedo tocar, oler y saborear. En esos momentos, mi mundo digital pasa a un segundo plano y es cierto que, desde que no tengo móvil, los difruto más. No ando mirando el Whatsapp ni haciendo fotos de todo lo que me llama la atención. Simplemente, me concentro solo en lo que puedo tocar, saborear y oler. Tres sentidos que internet no me permite disfrutar en mis horas de trabajo y hay que saber organizarse para llevar una vida plena así que, en cierto modo, no me ha venido tan mal esta desconexión obligada.

Quizás, mi vida sin móvil tiene algo que ver con el hecho de que, desde hace un mes, esté actualizando mi blog a diario. Cosa que antes no hacía porque no pasaba tanto tiempo en casa. Con el teléfono en el bolso (casi siempre, en la mano) me sentía segura e iba acumulando cosas que contar, pero no siempre las contaba, porque el tiempo que pasaba en casa era para trabajar o descansar. Ese tiempo libre que ahora dedico a mi bitácora, antes lo pasaba en la calle. Dedicaba parte de mi ocio a trabajar. Iba a los negocios que gestiono en la red para hacer fotos de sus productos, sus clientes y sus noticias, para publicarlas luego. Desde hace un mes, ni fotos ni nada. Me he visto obligada a buscar un plan b para elaborar contenidos y, las imágenes que antes me costaban un clic, ahora me cuestan unas horas de Photoshop. He cambiado las fotos por anuncios más creativos que necesitan de una maquetación más cuidada e incluyen el logo de cada negocio, más la frase ingeniosa que siempre suelo regalar. Este mes sin móvil ha sido, sin duda, una experiencia que merece un análisis de conciencia por mi parte. Por un lado, me he demostrado que no soy tan adicta como pensaba y que efectivamente, se puede vivir sin un smartphone, aunque es mucho más incómodo, pero también más relajado. Espero un nuevo móvil que debe llegarme en unos días. Entonces, todo volverá a su sitio y podré recuperar mi vida ajetreada, con algunos cambios voluntarios que pienso incluir. El primero de ellos es que, aunque pase más tiempo en la calle que los últimos treinta días, quiero seguir actualizando mi blog diariamente y el segundo propósito será hacerle menos caso al teléfono para disfrutar más de esos momentos dedicados a mimar los tres sentidos que internet abandona. Ya os contaré.  Besos y sonrisas.

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