Recordando ‘La playa del escalón’

Recordando ‘La playa del escalón’

La sonrisa de boba que se dibuja en mi cara cada vez que recuerdo la época que pasé trabajando, como becaria, en La Opinión de Granada es un poema. De hecho, soy una pesada y me gusta rebobinar bastante a menudo. Estoy en uno de esos momentos porque, un día como hoy, en el año 2009, firmé una reseña sobre la que era (y será) para mí: La Playa del Escalón.

Me lo pasé pipa recorriendo las playas de la zona y escribiendo mis impresiones sobre ellas, indagando en sus entresijos e intentando ser crítica y útil para la poca, o mucha, gente que me leía. ¡Me encantaba mi trabajo!

Transcribo:

El nombre del anejo hace honor al gran desnivel que los bañistas encuentran al adentrarse apenas un metro en el mar, donde el agua les llega a la cintura

DOMINIQUE BERTHOLET Hay comidas que sientan bien a cualquier hora y en cualquier época del año. Un plato de migas con ´pescaíto’ resulta, sin duda, igual de agradable en un día lluvioso de invierno, que en pleno mes de agosto en primera línea de playa, con el sol pegando fuerte y la grata compañía de una cerveza bien fría.

Los chiringuitos de la playa de Calahonda están especializados en ese tipo de tapas que amenizan la jornada estival de cualquier turista con buen estómago. ´Pescaíto´ frito y asado, migas y ensaladas son sólo algunas de la opciones que ofrecen los menús de estos restaurantes a pie de playa.

El ambiente de la bahía es, quizás debido a sus cualidades gastronómicas, mayoritariamente familiar, aunque la parte del ´Rincón´, donde flotan en el mar un puñado de barquitos que componen una típica imagen de postal, es la preferida por el público más joven. Un grupo de hombres de avanzada edad, que disfrutaban al atardecer de la brisa de la costa mientras bebían unas cervezas, comentaban que “al ´Rincón´ es donde van las jovencitas a tomar el sol y enseñar las tetas”.

El agua, normalmente más limpia que en el resto de las playas motrileñas, suele ser cristalina, aunque su temperatura, excepto los días siguientes a un fuerte levante, tiene fama de ser bastante fría.

Calahonda es un pequeño anejo situado a trece kilómetros de Motril. Su litoral tiene una longitud de 1.375 metros por 55 metros de anchura, la arena es gruesa y sus aguas ideales para la práctica de deportes acuáticos como el submarinismo.

Cuando cae el sol, en la zona de ´El Farillo´, donde Calahonda y ´La Perla´ se unen, la quietud de la bahía se transforma en un ´sarao´ playero. Los jóvenes caleños y los turistas instalan allí su particular botellódromo, un lugar de lo más acogedor para beber copas a la luz de la luna mientras escuchan romper las olas del mar y esperan la salida del sol. Hora de volver a casa. Al inicio de la mañana, los operarios encargados de recoger la basura no disfrutan tanto como los aficionados al botellón.

El nombre de la playa de este pueblecito marinero rodeado de urbanizaciones, hace honor al gran escalón que los bañistas encuentran al rozar el mar. Sólo hace falta colocarse en la orilla y andar a penas un metro hacia adentro para que el agua llegue a la altura de la cintura. De ahí lo de ´Cala-honda´, un pequeño municipio que al final de la temporada estival, con la huida de los turistas, se convierte en un tranquilo y casi desértico rincón costero”

 

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