The bling ring o cómo Sofía Coppola se pasa por el forro los consejos de su padre

The bling ring o cómo Sofía Coppola se pasa por el forro los consejos de su padre

Lo primero que vi fue el cartel. Me encantó. Cinco gafas de sol (de diseño) sobre un simple y limpio fondo blanco. The bling ring es la última película de Sofía Coppola, joven directora, entusiasta de la estética modernista aunque, no tanto del ritmo y la agilidad a la hora de contar ciertas cosas.

El argumento es atractivo y original, basado en hechos reales e inspirado en un artículo publicado por Vanity Fair, en el año 2000, con la firma de Nancy Jo Sales. El desarrollo es lineal, el ritmo ausente y los personajes no evolucionan absolutamente nada en el transcurso de la peli. Quizás sea porque la directora ha evitado indagar en las personalidades, limitándose a retratar, tal cual, el día a día de los protagonistas.

The bling ring, que a ratos quiere ser un documental, narra la historia de cinco jóvenes norteamericanos (y faltos de una buena hostia a tiempo) que, obsesionados con las marcas y los famosos, se dedican a entrar en las casas de Paris Hilton, Lindsay Lohan u Orlando Bloom, entre otros, para probarse su ropa, zapatos y joyas y, ya de paso, robar todo aquello que les viene en gana. Es un retrato perfecto del culto al materialismo y las ‘celebrities’ aunque, también a la moda, las drogas, las nuevas tecnologías y la idiotez porque, los muy payasos, se hacían fotos con sus móviles en los escenarios donde robaban y luego, las colgaban en Facebook presumiendo de ‘logros’… ¡Hay que ser estúpido!

Jesús Lens ya me advirtió que “a Boyero hay que hacerle el caso justo antes de ver las películas para, después, terminar reconociendo que razón, no le faltaba” y efectivamente, el sanguinario crítico de cine dijo de la última de Coppola que “resulta insoportable estar hora y media en compañía de esta necia pandilla” para acabar añadiendo que “todo ello está descrito con la modernísima estética que caracteriza a esta empalagosa directora que siente pasión por la nadería.”

La ‘empalagosa’, sin embargo, se ganó todos mis respetos (e incluso, mi admiración) con Lost in Translation, una película que me encantó además de recordarme muchísimo a mi padre. De hecho, siempre dice que es una de sus diez. Lo que sí sé es que si viera esta última, no dudaría, ni un momento, en catalogarla de ‘aneazo’. Una expresión muy castiza que viene a referirse a lo que toda la vida de dios hemos conocido como un auténtico tostón. O quizás, no; porque resulta que mi padre es otro entusiasta de la estética y puede pasarse más horas viendo objetos y personas bonitas que aguantando a gente, por muy ‘cool’ que sea, diciéndo gilipolleces y andándose por las ramas.

De todas formas, pienso que si Sofía se hubiera dignado a enseñarle a su padre su última obra, otro gallo cantaría. Y es que, más delito tiene el hecho de que una persona con un maestro de tal calibre meta la pata de esa manera ¿No? (Mejor cambio de tema que igual, hasta me estoy echando tierra encima y si hablamos de hacer cosas que no convencen del todo a los maestros, puede que tenga por donde callar…)

El caso es que la banda sonora me gustó. Muy apropiada para la película ¡Ha sido un acierto! Aunque, hay más cosas positivas. He alucinado con la forma despiadada que Coppola (hija) utiliza a la hora de retratar a los personajes. Es una crítica brutal al tipo de juventud que a todos nos avergüenza o al menos, debería.

El final estaba cantado. Todos a la cárcel. La sorpresa es que muchos de ellos se convierten en auténticos ídolos para esos jóvenes que, siendo igual de imbéciles que ellos, se sienten atraídos por las mismas cosas y estilos de vida. Rutinas marcadas por un materialismo puro y duro. Llenas de prejuicios y totalmente carentes de nada que, ni por error, pueda estar relacionado con el intelecto.

Si ‘The bling ring’ dura noventa minutos, durante la primera hora no pasa nada y cuando digo nada es absolutamente nada. Cero. Sólo vemos a esos adolescentes robar, probarse ropa y entrar en casas ajenas que, por otro lado, aún me sigo preguntando cómo lo tenían tan fácil a la hora de acceder. La película justifica estas cosas diciendo que usaban internet para averiguar dónde vivían y cuándo tenían algún evento que les hiciera ausentarse de sus hogares. Después, una vez allí, encontraban las puertas abiertas o las llaves debajo de un felpudo ¿Quién se cree eso? Yo, no.

La última media hora, muestra las detenciones y la forma en la que, padres y madres apoyan a sus hijos delincuentes e incluso, le ríen la gracia. En definitiva, un ‘Made in América’ con buen gusto estético y poco más.

Sigo respetando a Sofía del mismo modo en que sigo esperando a que estrene algo que supere a Lost in Translation aunque, sinceramente, después de haber visto ésta y también Maria Antonieta, cada vez lo dudo más.

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